Mary Cassatt (1844–1926)
El mundo infantil es el protagonista en este cuadro. La escena gira en torno a una niña, cuyo vestido blanco y los colores carne de su piel, la hacen el foco de atención. La composición del cuadro es asimétrica, marcada por la proporción aurea entre el espacio que ocupa el sillón en el que se sienta la niña, y el que ocupa un perrito a su izquierda. Esto se refuerza al situar su cara según la regla de los dos tercios.
En espacio se crea mediante un ritmo de sillones, cuyo tamaño disminuye según nos adentramos hacia el fondo de la habitación.

La Niña en Sillón Azul. 1878. Mary Cassatt.
Los sillones forman un patrón que rodea una gran mancha gris, y como en las estampas japonesas las formas están inclinadas, y el borde del lienzo recorta la imagen. El cuadro presenta, los colores fuertes y las pinceladas enérgicas propias de los impresionistas, y el gusto de las composiciones diagonales; como se observa en la posición que tiene la niña en el sillón. Sorprende aún más el punto de vista desde que se pinta la habitación, que parece ser la de un niño.
No se trata de un retrato, ya que la niña no mira directamente al espectador, sino que su mirada en lateral, y su postura informal. Se trata de un momento íntimo, capturado como lo haría una cámara fotográfica, que toma una foto espontánea, sin avisar al sujeto. La influencia de la fotografía aparece de nuevo en un cuadro impresionista.
90 cm x 130 cm. Óleo

